Escribo sobre lo mismo, sin lirismo, sin ningún eufemismo; siempre lo mismo: un poco de cinismo, bastante realismo, algún surrealismo. En fin, mis motivos no tienen guarismo.
28.4.08
8.1.08
Año nuevo, mierda nueva
Juan Solo no es, precisamente, un ídolo para mí. Pero lo que acaba de hacer quedará en los anales (nada más apropiado, tratándose de una cagada) de Fotos de Lily.
Resulta que el señor fue y estuvo husmeando, el muy fresco, las plantillas gratuitas de no sé qué lugar; algún sitio que no puede precisar. Sospechoso, como siempre. Suspicious, diría más bien, rascándome la barbilla. Ahí le ofrecieron muchas opciones mejores que las obligatorias de Blogger (no se trata de algo tan difícil) y el salame, emocionado, se bajó un montón de templates y los dejó en una carpetita en el escritorio, con la peregrina idea de "cambiarle la cara" a todos sus blogs (tiene varios, aunque no escriba en ninguno). Y empezó, hoy, por este.
Es de no creer. El tipo ya tiene unos cuantos que fueron modernizados obligatoriamente y se le da por entrar a tocar el único que se mantenía funcionando (no me preguntes cómo) con una plantilla del siglo pasado.
Conclusión: perdimos el diseño anterior, tan bonito. Y, como era de esperar, las plantillas nuevas no funcionan en Blogger, así que no nos quedó otra que elegir entre las que nos enchufaban de prepo. Así, tras revolver entre la inmundicia, elegimos esta... para dejar de elegir.
También se desvaneció la antigua sección de enlaces. Había mucha cosa buena y mucha rica mierda (el blog de Juli, el de Lorna y Susana, entre tantos otros), pero optamos por empezar esta nueva etapa, más careta, más mediocre, con una selección menos inspirada. Solamente están los blogs que nos gustan de los amigos que nos visitan. Los demás pueden irse a tomar por culo.
Sin más que decir, doy el puntapié inicial a esta nueva etapa de Fotos de Lily, "el Fotos de la gente". Y cuidado, porque del puntapié inicial a una pateadura sólo hay algunas patadas...
Resulta que el señor fue y estuvo husmeando, el muy fresco, las plantillas gratuitas de no sé qué lugar; algún sitio que no puede precisar. Sospechoso, como siempre. Suspicious, diría más bien, rascándome la barbilla. Ahí le ofrecieron muchas opciones mejores que las obligatorias de Blogger (no se trata de algo tan difícil) y el salame, emocionado, se bajó un montón de templates y los dejó en una carpetita en el escritorio, con la peregrina idea de "cambiarle la cara" a todos sus blogs (tiene varios, aunque no escriba en ninguno). Y empezó, hoy, por este.
Es de no creer. El tipo ya tiene unos cuantos que fueron modernizados obligatoriamente y se le da por entrar a tocar el único que se mantenía funcionando (no me preguntes cómo) con una plantilla del siglo pasado.
Conclusión: perdimos el diseño anterior, tan bonito. Y, como era de esperar, las plantillas nuevas no funcionan en Blogger, así que no nos quedó otra que elegir entre las que nos enchufaban de prepo. Así, tras revolver entre la inmundicia, elegimos esta... para dejar de elegir.
También se desvaneció la antigua sección de enlaces. Había mucha cosa buena y mucha rica mierda (el blog de Juli, el de Lorna y Susana, entre tantos otros), pero optamos por empezar esta nueva etapa, más careta, más mediocre, con una selección menos inspirada. Solamente están los blogs que nos gustan de los amigos que nos visitan. Los demás pueden irse a tomar por culo.
Sin más que decir, doy el puntapié inicial a esta nueva etapa de Fotos de Lily, "el Fotos de la gente". Y cuidado, porque del puntapié inicial a una pateadura sólo hay algunas patadas...
5.9.07
Señor, concededme un dolor de ovarios y moveré el mundo
Ella dice que puedo, pero no. Yo no, yo no. El Señor me abandonó.
Quisiera poder acabar con todos los mosquitoarañas de un solo manotazo; uno solo, certero y brutal; apenas uno, preciso y justiciero.
Quisiera escribir los versos más tristes esta noche. O los más sucios. O los más tontos. O los más mierda. A cambio escribo esto, que ni siquiera está en verso. Pero eso sí, eh: concededme un dolor de ovarios y conquistaré el universo.
Dadme un tirón de orejas y cumpliré años. Dadme pan, dadme sal para hincarme de rodillas. Dadme magia, dadme especias, dadme enhebro, cilantro y cardamomo. Dadme un dolor de ovarios y borraré la vida de la faz de la Tierra.
Pedid lo que queráis, que será otorgado. Lo que nunca será es la renuncia. Jamás el abandono. La queja de una nación, el clamor de un pueblo oprimido, el triste llanto de niños y perros: música para mis oídos. Por ti me cortaría un brazo. Por ti me cortaría la oreja izquierda, pero sólo si oyes mi plegaria. Otorgadme un dolor de ovarios y el Cielo será en la Tierra.
Quisiera poder acabar con todos los mosquitoarañas de un solo manotazo; uno solo, certero y brutal; apenas uno, preciso y justiciero.
Quisiera escribir los versos más tristes esta noche. O los más sucios. O los más tontos. O los más mierda. A cambio escribo esto, que ni siquiera está en verso. Pero eso sí, eh: concededme un dolor de ovarios y conquistaré el universo.
Dadme un tirón de orejas y cumpliré años. Dadme pan, dadme sal para hincarme de rodillas. Dadme magia, dadme especias, dadme enhebro, cilantro y cardamomo. Dadme un dolor de ovarios y borraré la vida de la faz de la Tierra.
Pedid lo que queráis, que será otorgado. Lo que nunca será es la renuncia. Jamás el abandono. La queja de una nación, el clamor de un pueblo oprimido, el triste llanto de niños y perros: música para mis oídos. Por ti me cortaría un brazo. Por ti me cortaría la oreja izquierda, pero sólo si oyes mi plegaria. Otorgadme un dolor de ovarios y el Cielo será en la Tierra.
4.9.07
Sardinas y galletitas
Éramos muy jóvenes y nunca teníamos plata. Ella había sufrido algunos trabajos poco importantes y completamente olvidables; a cambio, estudiaba en el conservatorio y era la mejor de su clase. (De sus clases, de cada una de ellas.) Yo no hacía nada de eso. O sí, pero no como para comparar. Había trabajado más, pero en peores condiciones y con menos resultados; empezaba una carrera cada año y no tenía futuro. Quería creer que la música o la literatura (o un esfuerzo combinado de ambas) podrían salvarme, pero no estaba demasiado convencido. Quería creerlo.
Mis padres no me pasaban casi nada de dinero. Los de ella tampoco.
Yo era muy caballeroso, atento y constante. Otra no me quedaba: no tenía nada más.
Recordé todo eso en un segundo, al elegir una lata de sardinas en el supermercado, acordándome de la que fue nuestra mejor cena. Esa noche habíamos comprado una lata y un paquete de galletitas de agua y, refugiándonos del frío en la boca de subte de Pueyrredón y Corrientes, tuve a la princesa, a la petisa, preparándome sanguchitos de sardina e intentando no mancharse demasiado las manos con el aceite.
La petisa se casó en EE.UU. el mes pasado. Yo me acuerdo de ella acá, hoy, lejos de nuestro amor austero y excesivo, tormentoso y atormentado.
Mis padres no me pasaban casi nada de dinero. Los de ella tampoco.
Yo era muy caballeroso, atento y constante. Otra no me quedaba: no tenía nada más.
Recordé todo eso en un segundo, al elegir una lata de sardinas en el supermercado, acordándome de la que fue nuestra mejor cena. Esa noche habíamos comprado una lata y un paquete de galletitas de agua y, refugiándonos del frío en la boca de subte de Pueyrredón y Corrientes, tuve a la princesa, a la petisa, preparándome sanguchitos de sardina e intentando no mancharse demasiado las manos con el aceite.
La petisa se casó en EE.UU. el mes pasado. Yo me acuerdo de ella acá, hoy, lejos de nuestro amor austero y excesivo, tormentoso y atormentado.
6.8.07
I'm too sexy
¿Vuelve Fotos de Lily? Nah, qué va a volver. Sólo estoy acá para despuntar el vicio, pateando calefones y dejándome llevar por la soberbia, que me dice algo así como: "Si acabás de actualizar los otros dos, ¿por qué no hacés algo con este? ¿Te la bancás?". Y yo, que no me la banco, pero sé que nadie espera nada de este blog, me mando de frente march (por dios, ¡qué expresión!) y me pongo a escribir. Lo que salga. Si tiene un poco más de onda que Música ya está bien; no espero escribir dos Jardines por día.
Además, convengamos que Fotos era mucho más útil en la época de gloria de mi blog principal, cuando necesitaba un lugar un poco más libre para derrapar a gusto. Hoy, que mi vida como escritor es derrape puro, poco sentido tiene este sitio. Y este post.
Decí que estoy de buen humor. Parafraseando a Right Said Fred, "I'm too sexy for this post".
Además, convengamos que Fotos era mucho más útil en la época de gloria de mi blog principal, cuando necesitaba un lugar un poco más libre para derrapar a gusto. Hoy, que mi vida como escritor es derrape puro, poco sentido tiene este sitio. Y este post.
Decí que estoy de buen humor. Parafraseando a Right Said Fred, "I'm too sexy for this post".
5.4.07
Los últimos días de la bestia
Y estoy harto de ser el hijo: nada bueno puede salir de esto.
No quiero tomar decisiones por los demás (de ser posible, tampoco por mí). No soporto estas tardes, ni las noches, mañanas o mediodías. No quiero ocuparme de cosas que no me interesan ni hablar con gente que no me importa; no quiero atender el teléfono diciendo "Chemisa, buenas tardes" en lugar de "Chemisa, váyase a la puta que lo parió"; no quiero escuchar las historias de Alejandra, la mierda de Carlos o –peor– la prepotencia de la gorda Jazmín. No más nada, yo me bajo.
Me chupan un huevo las facturas y los recibos, las cuentas corrientes y los reclamos de clientes que no saben pronunciar correctamente ni siquiera su nombre. No quiero dar explicaciones, no quiero dar nada más. Lo poco que queda lo venderé, lo reventaré, lo quemaré. El futuro –aún– es nuestro, y nadie va a arrebatárnoslo.
No quiero tomar decisiones por los demás (de ser posible, tampoco por mí). No soporto estas tardes, ni las noches, mañanas o mediodías. No quiero ocuparme de cosas que no me interesan ni hablar con gente que no me importa; no quiero atender el teléfono diciendo "Chemisa, buenas tardes" en lugar de "Chemisa, váyase a la puta que lo parió"; no quiero escuchar las historias de Alejandra, la mierda de Carlos o –peor– la prepotencia de la gorda Jazmín. No más nada, yo me bajo.
Me chupan un huevo las facturas y los recibos, las cuentas corrientes y los reclamos de clientes que no saben pronunciar correctamente ni siquiera su nombre. No quiero dar explicaciones, no quiero dar nada más. Lo poco que queda lo venderé, lo reventaré, lo quemaré. El futuro –aún– es nuestro, y nadie va a arrebatárnoslo.
20.3.07
El búho
Automáticamente pensé que algo estaba fallando. Miré entonces hacia atrás, me asomé a la ventana, volví a atarme los cordones, y nada. El problema debía estar en otro lado, ¿pero dónde? El búho embalsamado seguía viéndome, clavándome a la pared con esos ojos-vacío, y volví a sentir esa sensación. Fue ahí que lo noté: era el búho. Era el abismo que había detrás de su mirada lo que me generaba ese malestar, era su nebuloso interior de estopa y formol. Imaginé entonces las hormigas que lo recorrerían, blancas hormigas ciegas, anquilosadas, pesadas, blindadas. Y me dio terror. Las sentí dentro del búho, escuché el run-run de miles de patas de insecto caminando sobre las resecas paredes muertas del ave, probando la carne con sus poderosísimas mandíbulas, empujando los ojos vidriosos, pugnando por salir al exterior. El pico muerto, negro y pegado, empezaba a estremecerse y las órbitas de los ojos crecían, se modificaban de manera casi imperceptible, pero inexorablemente.
Tomé el búho y lo arrojé por la ventana, rompiendo el vidrio y desparramando hormigas blancas que empezaban a emerger. Sentí una subiendo por mi pierna izquierda pero, al mirar, no vi insecto alguno. Ahora me queda esa sensación.
Automáticamente pensé que algo estaba fallando.
Tomé el búho y lo arrojé por la ventana, rompiendo el vidrio y desparramando hormigas blancas que empezaban a emerger. Sentí una subiendo por mi pierna izquierda pero, al mirar, no vi insecto alguno. Ahora me queda esa sensación.
Automáticamente pensé que algo estaba fallando.
16.3.07
Nunca estará solo, Dr. Jekyll
Qué difícil resulta la patada inicial en estos casos.Soy Juan Solo. Después de un traspié nocturno quedé, de buenas a primeras, al comando de este blog. El problema es que no me pertenece. Fotos de Lily responde a una idea del Usuario Anónimo, una idea que, bien o mal (más mal que bien), desarrolló él. Pero, por cuestiones de orden superior (la tiranía de Blogger sumada a su indiscutible estupidez), él debe tomarse unas vacaciones forzosas. Acá me quedo entonces, a cuidarle el boliche.
Un momento. Tengo que cambiar el registro del texto. Es sabido –no sé por quién, pero lo es– que Anónimo y Solo somos la misma persona. No puedo seguir jugando a los dos autores. El tema es delicado, porque los necesito a ambos. Donde Juan es lírico y lúdico, Anónimo es cínico y directo; cuando Juan acaricia, Anónimo cachetea; mientras Juan canta, Anónimo grita o bosteza. Por eso los necesito: son los dos Hydes de este Dr. Jekyll de pacotilla en que me he convertido. Apenas dos de los Hydes posibles.
Quedan avisados. Están en manos de un esquizofrénico wannabe.
Un momento. Tengo que cambiar el registro del texto. Es sabido –no sé por quién, pero lo es– que Anónimo y Solo somos la misma persona. No puedo seguir jugando a los dos autores. El tema es delicado, porque los necesito a ambos. Donde Juan es lírico y lúdico, Anónimo es cínico y directo; cuando Juan acaricia, Anónimo cachetea; mientras Juan canta, Anónimo grita o bosteza. Por eso los necesito: son los dos Hydes de este Dr. Jekyll de pacotilla en que me he convertido. Apenas dos de los Hydes posibles.
Quedan avisados. Están en manos de un esquizofrénico wannabe.
9.3.07
Ni excusas
No voy a intentar excusarme. Todos sabemos –o no, pero la frasecita sirve cuando uno está hablando solo– que Fotos de Lily debería ser otra cosa. No está pareciéndose a mi idea original (la de un blog libre, décontracté, directo) ni a ninguna otra. Apenas si se parece a un cadáver.
Pero no quiero revivirlo. Voy a dejarlo fermentar, macerarse en sus propios jugos, flotar enredado en tripas putrefactas y hundirse en sus excrecencias hasta que un día, quién sabe, resurja de entre la basura. Ese día estaré acá. Veré quién me acompaña.
Hoy desahucio a Fotos de Lily. Espero que no sufra demasiado, porque no voy a rematarlo de un tiro.
Pero no quiero revivirlo. Voy a dejarlo fermentar, macerarse en sus propios jugos, flotar enredado en tripas putrefactas y hundirse en sus excrecencias hasta que un día, quién sabe, resurja de entre la basura. Ese día estaré acá. Veré quién me acompaña.
Hoy desahucio a Fotos de Lily. Espero que no sufra demasiado, porque no voy a rematarlo de un tiro.
15.1.07
¡Llegó el análise del quéiwor! ¡Volvió la alegría, vieja!
Fue un gran acierto llamar a este blog "Fotos de Lily". Más allá del homenaje a la bellísima canción de los Who, ese nombre –y el hecho de escribir sobre cualquier cosa– genera empatía con las más brillantes búsquedas de Google.
Aún a riesgo de parecer monotemático, no puedo dejar de dedicar un post al reciente keyword analysis que me acerca el Statcounter. Eso sí: estoy demasiado contento, así que dejaré que la imagen hable por sí misma:
(Si no podés leer bien porque tenés una configuración de pantalla berreta o un astigmatismo galopante, hacé click sobre la imagen.)
Me enorgullece ser el destino final de los usuarios que están tras fotos quemadas, o de homosexuales griegos (todo bien, pero la fotografía no se había inventado en el esplendor de la Grecia antigua, ¿serán fotos actuales?); o que alguien tipee "Me sale" en el Google y el buscador lo envíe aquí. Me agrada la perseverancia de quienes esperan que les brinde fotos de cafés con piernas, de sus amigas o su ex o, cómo no, de su gacela. Me gustan las búsquedas ridículas. Me encanta estar a cargo de este lugar extraño. Gracias por venir, ¡y que sigan los éxitos!
(Si no podés leer bien porque tenés una configuración de pantalla berreta o un astigmatismo galopante, hacé click sobre la imagen.)Me enorgullece ser el destino final de los usuarios que están tras fotos quemadas, o de homosexuales griegos (todo bien, pero la fotografía no se había inventado en el esplendor de la Grecia antigua, ¿serán fotos actuales?); o que alguien tipee "Me sale" en el Google y el buscador lo envíe aquí. Me agrada la perseverancia de quienes esperan que les brinde fotos de cafés con piernas, de sus amigas o su ex o, cómo no, de su gacela. Me gustan las búsquedas ridículas. Me encanta estar a cargo de este lugar extraño. Gracias por venir, ¡y que sigan los éxitos!
4.1.07
Mockers vs. Shakers
Esta tarde comenzó mi carrera como periodista. No sé cuánto he de correr (siempre fui el peor alumno de cualquier clase de educación física), pero aquí estoy, escuchando a Los Mockers e intentando escribir sobre ellos. Me encargaron una nota sobre la rivalidad entre éstos y Los Shakers. No existió, hasta donde yo sé, nada parecido a eso. El error nació cuando propuse escribir sobre los salvajes y olvidados Mockers, tan buenos como los Shakers e injustamente ignorados hoy. El director de la revista leyó la propuesta y me dijo que le encantaba la idea de publicar una nota sobre "la rivalidad Mockers-Shakers". Tal vez mi comparación fue torpe o inoportuna, pero no pude responderle otra cosa más que "de acuerdo". No me atreví a decirle que no había entendido mi propuesta, ¿qué juicio se formaría de mí si no soy capaz de escribir una oración que no deje lugar a dudas? Por eso acepté. Sí, futuro jefe, esa rivalidad existió. O la inventaremos. Abro una Heineken y empiezo a armarla. Será real para el número de abril. Créame.
29.12.06
Sépanlo
La imagen mostrada tiene fines ilustrativos y puede diferir (pero no, es sólo que no tengo escáner).
Entrada de The Who (C) 2006 Gerund Enterprises
28.12.06
Misc.
Bueno, loco, acá tenés una foto de tu gacela. No tengo más. Se me había ocurrido, de hecho, que por ahí estaría bueno que, para la próxima, directamente salieras al patio a sacarle fotos con la digital en vez de pedírselas a Google, porque si no terminás cayendo en cualquier lado, con gente no demasiado sana, y por ahí se arma el tole tole.Resulta que estuve viendo los resultados que el gran Statcounter recabó sobre este sitio infame y la gentuza que pulula por acá. Además de la del energúmeno que llegó tras tipear en el buscador "fotos de mi gacela", pueden mencionarse algunas otras consignas de búsqueda interesantes, como "fotos de mis amigas mas calientes" (una obviedad), "fotos borrachera", "fotos de and lla estelar" (acá el Google no entendió nada), "fotos pasillo frances", "fotos alejandra olmos" (yo también quiero), "fotos dentro del teatro griego", "fotos saltimbanquis", "fotos de cafes con piernas" (?) o la que, para mí, merece el gran premio: "foto de uno echando desodorante" (?!). No sé cómo me relacionaron con todo eso, pero gracias.
Una grata sorpresa fue que llegaron, amén de los argentinos, visitantes de todos lados: Lima (Perú), California y Washington (EE.UU.), Andalucía (España), el DF de México, Berlín (Alemania) y tantos otros lugares que no tengo el gusto de conocer. La otra cara de la moneda es que un 77,8% de éstos se quedó menos de 55 segundos. O no entendieron el idioma o le huyen a las cosas mal escritas; también podría ser que se aburrieran de esperar que actualice.
Para finalizar, quisiera agradecer a las siguientes empresas que se preocupan por el país: Violentamente feliz, Jardín de instantes y Caramelos colorados son quienes se disputan la punta del top de referring links con 11, 7 y 3 por cabeza. Gracias por confiar en nosotros.
El personal de Fotos de Lily
23.12.06
Mi historia con Lisandro, parte V (final)
Mi historia con Lisandro empezó a deshilacharse tras esa mañana fatídica. Lo evité durante los días siguientes con bastante éxito, hasta la tarde en que salimos antes y caminé hasta la Plaza Belgrano, donde me senté a disfrutar del sol y a buscar la entrada al infierno según la descripción de Sabato. No la hallé, pero encontré en cambio a mi compañero, quien se acercó y entabló conmigo una meliflua conversación. Me cansé muy pronto y, hastiado, lo traté peor que nunca. Su respuesta me dejó sin palabras: "Me encanta cuando sos así. Cuanto peor me tratás, más me gustás". ¿Qué podía decir? Abandoné. Dándole la espalda, caminé rápido hasta la parada del colectivo, dejando atrás ese juego y sus patéticos llamados. Lo escuché repetir mi nombre hasta que sonó ajeno, hasta que perdió su significado, hasta que dejó de designarme. Hasta que Juan fue otro, hasta que yo fui otro Juan.
A la mañana siguiente descubrí que se había cambiado de turno y nunca más volví a saber de él.
A la mañana siguiente descubrí que se había cambiado de turno y nunca más volví a saber de él.
22.12.06
Mi historia con Lisandro, parte IV
Siguieron días raros, de esquivar sus preguntas y atenciones, de concentrarme en el trabajo y tratar de no cruzármelo en los pasillos, de no mirarlo, de tener el bolso y el abrigo listos para escabullirme primero a la hora de salida. Sin embargo, lo inevitable sucedía siempre: no sé cómo, él llegaba a tiempo para alcanzarme en la puerta y caminar juntos hasta Cabildo y Juramento. Él se lo buscaba y yo lo trataba mal.
La mañana en que todos los empleados nuevos fuimos a hacernos un chequeo médico fue definitoria. Yo sentí algo de piedad y decidí dejar de herir sus sentimientos e intentar respetarlo. Lisandro lo percibió, creo, y no se separó de mí ni un momento.
Tras llevar a cabo los estudios necesité imperiosamente un café. Lo pensé en voz alta y él manifestó lo mismo, por lo que fuimos a una confitería sobre la calle Córdoba y desayunamos. Yo, un café doble, amargo y viril; Lisandro, delicado, una lágrima. Mientras esperábamos al mozo sentía sus ojos clavados en mí. Yo miraba la tele. Siempre.
Ninguno de los dos dijo nada, bebimos en silencio y sin mirarnos; la tensión estaba en el aire y yo temía que las tres o cuatro personas que estaban alrededor se dieran cuenta de todo. Lo peor fue cuando dejó su taza vacía sobre la mesa y comenzó a reprocharme, a suplicarme, a pedirme, a engañarme. En voz baja, apenas en un susurro, pero gritando. Entonces lo fulminé con la mirada, dije algunas palabras terminantes, pagué la cuenta y salí a la calle, con él siguiéndome y algo sordo gestándose dentro de mí. Algo parecido a la furia.
No sé cómo explicar lo que pasó después. Tras pedirle -de buena y mala manera- que me dejara solo, caminé hasta Corrientes y Riobamba, compré un ramo de flores y toqué el timbre de mi ex novia. Nuestra ruptura había sido reciente y en buenos términos y estábamos atravesando un período extraño, en el que nos veíamos bastante seguido, cada tanto nos besábamos y cogíamos cuando había suerte. Ella bajó extrañada, yo le di las flores, dije dos o tres frases ridículas y me fui, secretamente reconfortado. Volvía a parecerme a quien yo creía ser.
La mañana en que todos los empleados nuevos fuimos a hacernos un chequeo médico fue definitoria. Yo sentí algo de piedad y decidí dejar de herir sus sentimientos e intentar respetarlo. Lisandro lo percibió, creo, y no se separó de mí ni un momento.
Tras llevar a cabo los estudios necesité imperiosamente un café. Lo pensé en voz alta y él manifestó lo mismo, por lo que fuimos a una confitería sobre la calle Córdoba y desayunamos. Yo, un café doble, amargo y viril; Lisandro, delicado, una lágrima. Mientras esperábamos al mozo sentía sus ojos clavados en mí. Yo miraba la tele. Siempre.
Ninguno de los dos dijo nada, bebimos en silencio y sin mirarnos; la tensión estaba en el aire y yo temía que las tres o cuatro personas que estaban alrededor se dieran cuenta de todo. Lo peor fue cuando dejó su taza vacía sobre la mesa y comenzó a reprocharme, a suplicarme, a pedirme, a engañarme. En voz baja, apenas en un susurro, pero gritando. Entonces lo fulminé con la mirada, dije algunas palabras terminantes, pagué la cuenta y salí a la calle, con él siguiéndome y algo sordo gestándose dentro de mí. Algo parecido a la furia.
No sé cómo explicar lo que pasó después. Tras pedirle -de buena y mala manera- que me dejara solo, caminé hasta Corrientes y Riobamba, compré un ramo de flores y toqué el timbre de mi ex novia. Nuestra ruptura había sido reciente y en buenos términos y estábamos atravesando un período extraño, en el que nos veíamos bastante seguido, cada tanto nos besábamos y cogíamos cuando había suerte. Ella bajó extrañada, yo le di las flores, dije dos o tres frases ridículas y me fui, secretamente reconfortado. Volvía a parecerme a quien yo creía ser.
22.11.06
Mi historia con Lisandro, parte III
Salí al pasillo apurada y ferozmente y, sabiéndolo detrás de mí, comencé a bajar la escalera como quien se zambulle en un fangal, saltando escalones, dejando una estela apenas. Entonces se cortó la luz. Sentí su mano en mi hombro y, presionando levemente, como pidiendo perdón, se sentó en el descanso e hizo que lo secundara. Por supuesto, me situé uno o dos escalones más arriba. No dijimos nada. Quedamos mirándonos en la oscuridad. Su cara vuelta hacia mí, iluminada y embarrada por la luz torpe que no terminaba de animarse a entrar por alguna ventana, era la máscara de la tragedia. Sin pensar -cometí el mismo error todo el día-, se lo dije. No me acuerdo cómo exactamente, pero aludí a los mascarones insondables y expresivos del teatro griego. Se sonrió, o eso creí ver. No sé si estuvimos dos minutos o media hora así, detenidos; sólo recuerdo que la oscuridad me ayudó a considerar la posibilidad de besarlo. Nunca lo hice. Más que nada porque su insistencia me ponía de mal humor, aunque también pesó el hecho de saberlo desesperado. Jamás me había encontrado en una situación así. Siempre fui quien pedía besos y esa noche, por única vez, me di el miserable lujo de negarme.
17.10.06
Mi historia con Lisandro, parte II
Estábamos por llegar a su casa. Yo le hablaba de lo cautivante que me resultaba Alejandra Olmos, el personaje de Sábato de Sobre héroes y tumbas; de repente, no sé bien cómo, me encontré convertido en ella. Era un ser misterioso y malvado, enfermo de mí mismo, inaccesible, dragón y princesa, rosa y fango, todo a la vez. Me di cuenta entonces de cómo Lisandro tomaba el rol de mi partenaire (Martín) y cumplía con su papel a la perfección. Me sentí extrañamente bien: por primera vez en mi vida yo podía ser tan fascinante como Alejandra y mover todos los hilos de una historia amorosa como me hubiera gustado que se movieran. Claro que no tomé en cuenta que Lisandro era un hombre. Por el momento no me importaba, todo era muy inconsciente y yo disfrutaba seduciendo y atormentando a la vez.
Llegamos. Al entrar a su departamento fue que caí, por primera vez, en que algo andaba mal. Lisandro fue a cambiarse y yo me quedé por ahí, mirando por la ventana y sintiendo un raro malestar. Las cosas se acomodaban sólo un poco en mi cabeza, mas fue suficiente para que pudiera expresar lo que me pasaba. Le dije, sin cuidarme en lo más mínimo, algo así:
-¿No sentís algo extraño? El ambiente está enrarecido. Puedo matar.
-No te entiendo -dijo, mientras me miraba atento y se ponía una remera blanca.
-Me siento como el cazador. Guiándome sólo por el olfato, sin pensar, llegué al refugio de una gacela joven que ahora, encandilada por mi mirada, ignora el peligro que corre -él bajó la vista-. Es sólo una cuestión de instinto y sé que debería matar, pero mi lado racional aún me grita que no lo haga. Me consumo entre esas dos fuerzas. La lucha se da dentro mío.
-Pensé que intuías lo que pasaría -me miró y por primera vez pude imaginar cabalmente lo que se escondía tras su "lo que pasaría". Hasta entonces sólo me había dejado llevar, hablábamos dentro del juego tácito y usábamos imágenes y ya, nada tenía necesariamente que ser llevado a un estrato terrestre ni real. Entonces Lisandro se acercó. Yo, instintivamente, retrocedí unos pasos. Él, en un susurro, dijo:
-Está bien, ya está, ya pasó. No te asustes. Pensé que sabías lo que decías en el colectivo.
De cazador había pasado a presa. El dominio de la situación lo tenía él, desde sus imberbes 19 años. Me sentía aborchornado y avergonzado, jamás debería haber intentado ese juego. No era lo mío y, por haberme ido de boca, ahora las cosas se revelaban.
Creo que no dije nada más. Bajamos a comprar unas cervezas.
Cuando volvimos, justo aparecieron tres amigas de él. Lisandro no pudo evitar un gesto de desagrado, fugaz, a la vez que yo me aliviaba secretamente.
Entonces bebimos y conversamos los cinco, como si nada, echando por tierra con la atmósfera sobrecargada de antes. Yo quería redimirme ante mí mismo y, de paso, demostrarle a Lisandro que se equivocaba: medio excitado por el alcohol le tiraba onda burdamente a una tal Carolina. Ella me respondía.
En un brusco momento de lucidez bajé a la realidad y pensé en lo que me esperaba si permanecía más tiempo en esa situación: borrachera inminente combinada con a) sexo gay; b) sexo grupal; o c) regreso tardío a casa y frustración. La primera opción me generaba curiosidad pero, a la vez, era violentamente rechazada; para la segunda no me sentía listo aún y la tercera era una vieja -y nefasta- conocida, de cuya compañía podía prescindir.
Aduciendo apuro y mirando mi reloj me levanté. Me despedí de todos y me dirigí a la puerta, bruscamente recobrado. Lisandro debía bajar a abrirme y le dijo a sus amigas que lo esperaran un segundo.
Llegamos. Al entrar a su departamento fue que caí, por primera vez, en que algo andaba mal. Lisandro fue a cambiarse y yo me quedé por ahí, mirando por la ventana y sintiendo un raro malestar. Las cosas se acomodaban sólo un poco en mi cabeza, mas fue suficiente para que pudiera expresar lo que me pasaba. Le dije, sin cuidarme en lo más mínimo, algo así:
-¿No sentís algo extraño? El ambiente está enrarecido. Puedo matar.
-No te entiendo -dijo, mientras me miraba atento y se ponía una remera blanca.
-Me siento como el cazador. Guiándome sólo por el olfato, sin pensar, llegué al refugio de una gacela joven que ahora, encandilada por mi mirada, ignora el peligro que corre -él bajó la vista-. Es sólo una cuestión de instinto y sé que debería matar, pero mi lado racional aún me grita que no lo haga. Me consumo entre esas dos fuerzas. La lucha se da dentro mío.
-Pensé que intuías lo que pasaría -me miró y por primera vez pude imaginar cabalmente lo que se escondía tras su "lo que pasaría". Hasta entonces sólo me había dejado llevar, hablábamos dentro del juego tácito y usábamos imágenes y ya, nada tenía necesariamente que ser llevado a un estrato terrestre ni real. Entonces Lisandro se acercó. Yo, instintivamente, retrocedí unos pasos. Él, en un susurro, dijo:
-Está bien, ya está, ya pasó. No te asustes. Pensé que sabías lo que decías en el colectivo.
De cazador había pasado a presa. El dominio de la situación lo tenía él, desde sus imberbes 19 años. Me sentía aborchornado y avergonzado, jamás debería haber intentado ese juego. No era lo mío y, por haberme ido de boca, ahora las cosas se revelaban.
Creo que no dije nada más. Bajamos a comprar unas cervezas.
Cuando volvimos, justo aparecieron tres amigas de él. Lisandro no pudo evitar un gesto de desagrado, fugaz, a la vez que yo me aliviaba secretamente.
Entonces bebimos y conversamos los cinco, como si nada, echando por tierra con la atmósfera sobrecargada de antes. Yo quería redimirme ante mí mismo y, de paso, demostrarle a Lisandro que se equivocaba: medio excitado por el alcohol le tiraba onda burdamente a una tal Carolina. Ella me respondía.
En un brusco momento de lucidez bajé a la realidad y pensé en lo que me esperaba si permanecía más tiempo en esa situación: borrachera inminente combinada con a) sexo gay; b) sexo grupal; o c) regreso tardío a casa y frustración. La primera opción me generaba curiosidad pero, a la vez, era violentamente rechazada; para la segunda no me sentía listo aún y la tercera era una vieja -y nefasta- conocida, de cuya compañía podía prescindir.
Aduciendo apuro y mirando mi reloj me levanté. Me despedí de todos y me dirigí a la puerta, bruscamente recobrado. Lisandro debía bajar a abrirme y le dijo a sus amigas que lo esperaran un segundo.
13.10.06
Mi historia con Lisandro, parte I
En el trabajo anterior conocí a Lisandro. Él se sentó al lado mío durante la capacitación y empezó a hablarme. Era el típico "pendejo loco" que habla fuerte y tiene perfil alto. Yo no soy naturalmente sociable (y menos en ese tipo de ámbitos, y menos con ese tipo de gente), pero la verdad es que -no sé por qué- Lisandro me cayó bien y el segundo día conversábamos ya todo el tiempo. La capacitación duró una semana y toda la historia también, pero se me hace tan difícil pensar en días ese período tan vertiginoso que voy a obviar cualquiera de esas medidas de tiempo.
La cosa era en la calle Arribeños, en Belgrano, y él vivía sobre Paraguay, así que volvíamos todas las tardes en el mismo 68. En uno de esos viajes él me habló de la relación abierta -e idílica, para mí- que tenía con sus amigas. Yo le dije que me gustaría lograr algo así pero que, honestamente, la mayoría de mis amigas tenían ese rol porque no había podido darles otro. Creo en la amistad entre el hombre y la mujer, sé que es posible que sea pura, pero soy consciente de lo difícil que es eso: la mayoría de las veces, la lagartija de lo erótico se arrastra entre las piernas, a ras del suelo. Luego, no me acuerdo bien cómo, la conversación viró hacia los gays y él me contó que conocía un montón ("cuestión de ambiente", dijo, él hacía teatro), que le caían bien y dos o tres cosas más. Yo dije más o menos lo mismo y agregué que me tentaba la idea de la bisexualidad, que me parecía copado poder elegir a la persona que a uno le guste sin tener limitaciones de sexo y todo eso, que no me cerraba de antemano a esa posibilidad pero que, en verdad, jamás me había sentido atraído por ningún tipo.
Ésa fue la tarde del segundo día, ahora me acuerdo. Nuestras conversaciones habían alcanzado un nivel tan íntimo y privado que parecía imposible que nos hubiéramos conocido menos de 48 horas antes. Honestamente, me sentía muy cómodo con el tipo, era como si me conociera de siempre y no tuviésemos que preocuparnos por formalidades o prejuicios, todo estaba bien; dejábamos las cosas fluir naturalmente y no nos importaba nada.
En ese 68 él me pidió que lo acompañara a su casa a tomar unos cafés. Hacía muy poco que había venido a la Capital desde Junín y solía sentirse solo por las tardes. Yo, tímido al fin, puse todos los reparos que se me ocurrieron y más: que no nos conocíamos, que no me daba, que tenía que volver a mi casa, que estaba cansado, y no me acuerdo cuántas cosas más, pero él insistió tanto que terminé aceptando. Le cambié el café por cerveza y pensé "bueno, si tomo la cantidad suficiente para desinhibirme no me resultará tan grave; me quedaré un rato y después me las tomo". Aún no lo sabía, pero acababa de cometer un grave error. El primero.
La cosa era en la calle Arribeños, en Belgrano, y él vivía sobre Paraguay, así que volvíamos todas las tardes en el mismo 68. En uno de esos viajes él me habló de la relación abierta -e idílica, para mí- que tenía con sus amigas. Yo le dije que me gustaría lograr algo así pero que, honestamente, la mayoría de mis amigas tenían ese rol porque no había podido darles otro. Creo en la amistad entre el hombre y la mujer, sé que es posible que sea pura, pero soy consciente de lo difícil que es eso: la mayoría de las veces, la lagartija de lo erótico se arrastra entre las piernas, a ras del suelo. Luego, no me acuerdo bien cómo, la conversación viró hacia los gays y él me contó que conocía un montón ("cuestión de ambiente", dijo, él hacía teatro), que le caían bien y dos o tres cosas más. Yo dije más o menos lo mismo y agregué que me tentaba la idea de la bisexualidad, que me parecía copado poder elegir a la persona que a uno le guste sin tener limitaciones de sexo y todo eso, que no me cerraba de antemano a esa posibilidad pero que, en verdad, jamás me había sentido atraído por ningún tipo.
Ésa fue la tarde del segundo día, ahora me acuerdo. Nuestras conversaciones habían alcanzado un nivel tan íntimo y privado que parecía imposible que nos hubiéramos conocido menos de 48 horas antes. Honestamente, me sentía muy cómodo con el tipo, era como si me conociera de siempre y no tuviésemos que preocuparnos por formalidades o prejuicios, todo estaba bien; dejábamos las cosas fluir naturalmente y no nos importaba nada.
En ese 68 él me pidió que lo acompañara a su casa a tomar unos cafés. Hacía muy poco que había venido a la Capital desde Junín y solía sentirse solo por las tardes. Yo, tímido al fin, puse todos los reparos que se me ocurrieron y más: que no nos conocíamos, que no me daba, que tenía que volver a mi casa, que estaba cansado, y no me acuerdo cuántas cosas más, pero él insistió tanto que terminé aceptando. Le cambié el café por cerveza y pensé "bueno, si tomo la cantidad suficiente para desinhibirme no me resultará tan grave; me quedaré un rato y después me las tomo". Aún no lo sabía, pero acababa de cometer un grave error. El primero.
4.10.06
De asistencia obligatoria
Será este viernes. El Zombienauta, un cantautor con la capacidad del viaje permanente -aún anclado en la canción-, creará canciones en el aire y hará mucho de nada. Rimbaud lo observará desde una nube a su diestra y Donovan estará sentado en su hombro.Como si esto fuera poco, la presencia estelar de los saltimbanquis Carmen promete mucho... mucho más de lo que puede arruinar quien les escribe con sus coros desafinados, la guitarra trasteando, una sufrida armónica y percusiones varias (todas a destiempo). ¡No se lo pierdan!
3.10.06
Mala época
Y este blog tenía que ser más libre, ¿entendés? Menos vueltero, menos enrollado, que para eso ya tengo el otro; la idea original era escribir seguido acá -ni siquiera tenía que tener buen material, bastaba con que pasara y dejara caer algo-, sin preocuparme por mis problemas ni mis dudas ni los lectores ni la facultad ni el trabajo ni aquellos que que escriben mejor o con mayor dedicación (en algún punto, las dos cosas son lo mismo). Y no lo consigo. Ando de acá para allá con las mismas frustraciones, y aquello que anquilosó el Jardín de Instantes se cierne ahora peligrosamente sobre estas Fotos de Lily, amenazando con quitarme todo, mis ideas, las pocas convicciones que me han quedado y estos retazos de fe.
Qué mala época para ser yo.
Qué mala época para ser yo.
